Baptisterio
Tomad y comed todos de él, porque este es mi cuerpo
La capilla de la Comunión de la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Llíria ocupa un lugar privilegiado dentro del conjunto del templo, no solo por su configuración artística, sino sobre todo por su centralidad en la vida espiritual de los fieles. En este espacio se custodia el mayor tesoro de la Iglesia: el Santísimo Sacramento, el Cuerpo de Cristo realmente presente bajo las especies eucarísticas, reservado con todo cuidado en el sagrario. Esta presencia real convierte la capilla en un lugar de especial recogimiento, destinado a la oración silenciosa, la adoración y el encuentro íntimo con Dios. Las Sagradas Formas que allí se conservan son signo permanente del amor de Cristo, que quiso quedarse para siempre con su pueblo, alimentando su fe y fortaleciendo su vida cristiana.
Desde el punto de vista artístico y catequético, la capilla presenta una rica simbología que ayuda a comprender el misterio eucarístico. En la parte superior se encuentra la representación del Buen Pastor, imagen profundamente evangélica que muestra a Cristo como guía y protector de las almas, aquel que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. Más arriba, coronando el conjunto, se dispone la escena de la Última Cena, momento fundamental en el que Jesucristo instituyó la Eucaristía y el sacerdocio, dejando a la Iglesia el mandato de perpetuar este sacramento. Estas imágenes no solo embellecen el espacio, sino que invitan a la contemplación y a la reflexión, estableciendo una conexión directa entre el sacrificio de Cristo, su entrega amorosa y su presencia viva en el sagrario.
Asimismo, en esta capilla se sitúan las imágenes de Santa Teresa Jornet y de la Inmaculada Concepción. Santa Teresa Jornet, profundamente vinculada a Llíria, murió en esta ciudad en el convento de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, dejando un testimonio ejemplar de caridad y entrega a los más necesitados. Por su parte, la Inmaculada Concepción es una advocación especialmente arraigada en la tradición valenciana, estrechamente unida a la devoción eucarística, pues María es reconocida como el primer sagrario que llevó en su seno al mismo Cristo.
En la parte posterior de la capilla se conservan dos lienzos de gran valor simbólico, obra de fray Eugenio Silvestre, que representan a Aarón y a Melquisedec, figuras del Antiguo Testamento que la tradición cristiana interpreta como prefiguraciones del sacerdocio y del sacrificio de Cristo. Aarón, como sumo sacerdote del pueblo de Israel, y Melquisedec, rey y sacerdote que ofreció pan y vino, anticipan de manera significativa el misterio eucarístico que se hace presente en el altar. Todo este conjunto convierte la capilla de la Comunión en uno de los espacios más importantes de la basílica, no solo por lo que guarda, sino también por lo que enseña y transmite a quienes la contemplan y oran en ella.

