Capilla de la Santísima Trinidad

 Dios Padre creador, Hijo Redentor del Mundo,
Espíritu Santo consolador de las almas.

Dentro del conjunto de capillas que enriquecen la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Llíria se encuentra la Capilla de la Santísima Trinidad, un espacio de gran valor devocional y artístico para la ciudad.

El altar está presidido por una imagen de grandes dimensiones de la Santísima Trinidad, obra del escultor valenciano Carmelo Vicent, quien fue catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes. Esta imponente escultura fue costeada por una devota en el año 1952, con un coste de 25.000 pesetas, constituyendo desde entonces uno de los elementos más destacados de esta capilla.

El conjunto se integra en uno de los pocos retablos de estilo barroco que conserva el templo, lo que confiere a este espacio una especial relevancia dentro del patrimonio artístico de la basílica. En la parte inferior del retablo aparecen representadas las almas del purgatorio, recordando la tradicional oración de la Iglesia por los fieles difuntos. Esta representación establece un profundo vínculo espiritual con la Santísima Trinidad, fuente de misericordia y plenitud de vida, a quien los fieles encomiendan también la purificación y descanso de las almas.

Actualmente, este altar es cuidado por la Cofradía de la Virgen del Remedio de Llíria, una Cofradía profundamente vinculada a la vida espiritual de la basílica y que tiene en ella su sede. La cofradía mantiene viva la devoción a la Virgen del Remedio,  advocación mariana estrechamente relacionada con la espiritualidad trinitaria.

La devoción a la Santísima Trinidad en Llíria posee raíces antiguas. En tiempos pasados, dentro de la jurisdicción parroquial existió un convento de la Orden Trinitaria, lo que favoreció la difusión de esta espiritualidad en la ciudad. Los trinitarios propagaron particularmente la devoción a la Santísima Trinidad y a su patrona, la Virgen del Remedio, cuya veneración ha perdurado con fuerza en la tradición religiosa de Llíria.