La imagen de la Asunción de Nuestra Señora

Titular del Templo

Por Cristo, con Él y en Él.


El presbiterio de la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Llíria se configura en torno a tres elementos esenciales que expresan la riqueza y profundidad de la celebración cristiana: el altar, la sede y el ambón. Estos no son meros elementos funcionales, sino signos visibles del misterio de la fe que la Iglesia celebra. En ellos se manifiestan las dimensiones fundamentales de la liturgia: el sacrificio eucarístico, la presidencia en nombre de Cristo y la proclamación viva de la Palabra de Dios. Su disposición armónica y su dignidad ayudan a los fieles a comprender que en la liturgia es Cristo mismo quien actúa, enseñando, santificando y guiando a su pueblo. 


El Altar, centro de la vida litúrgica 

En el corazón de la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Llíria se encuentra el altar, centro litúrgico por excelencia y signo visible de Cristo mismo, piedra angular de la Iglesia. En él se actualiza de manera incruenta el Sacrificio redentor mediante la celebración del Sacramento de la Eucaristía, culmen y fuente de toda la vida cristiana. Este altar, elaborado en mármol noble, responde a la tradición y a las disposiciones litúrgicas propias de los templos basilicales, subrayando su carácter de permanencia, dignidad y sacralidad.

Bajo el altar reposan valiosas reliquias de santos profundamente vinculados a la historia y espiritualidad de Llíria, como San Vicente Ferrer, insigne predicador valenciano; Santa Teresa Jornet, fundadora entregada al servicio de los ancianos; y el Beato Juan Bautista Faubel Cano, testigo fiel de la fe. La presencia de estas reliquias recuerda la comunión de los santos y la continuidad viva de la Iglesia a lo largo de los siglos.


La Sede, signo de la presidencia de Cristo 

La sede ocupa un lugar destacado dentro del presbiterio y posee un profundo significado que va más allá de su función práctica. No es un simple asiento, sino el signo visible de la autoridad de Cristo que preside la asamblea litúrgica. A través del sacerdote, que actúa en nombre de Cristo Cabeza, la sede manifiesta la misión de guiar, enseñar y santificar al pueblo de Dios.

Desde la sede, el celebrante introduce los ritos, dirige la oración y acompaña espiritualmente a los fieles, haciendo visible la unidad de la comunidad cristiana. Su disposición, orientada hacia el pueblo, expresa la cercanía del pastor con los fieles y la dimensión de servicio propia del ministerio ordenado. En las celebraciones más solemnes, la sede resalta de modo especial esta función de presidencia, recordando que toda la acción litúrgica está ordenada y guiada en comunión con la Iglesia.


El Ambón, lugar de la Palabra de Dios 

El ambón es el espacio reservado para la proclamación de la Palabra de Dios y goza de una dignidad propia dentro del templo. No se trata de un simple atril, sino de un lugar sagrado desde el cual Dios mismo habla a su pueblo a través de las Sagradas Escrituras.

Desde el ambón se proclaman las lecturas bíblicas, el salmo responsorial y, en las celebraciones más solemnes, el Pregón Pascual. En muchos casos, también es el lugar desde donde se pronuncia la homilía. Su importancia radica en que la Palabra de Dios es alimento espiritual para los fieles, iluminando sus vidas y fortaleciendo su fe.

El ambón, en íntima relación con el altar, expresa la doble mesa de la liturgia: la mesa de la Palabra y la mesa de la Eucaristía. Así como en el altar Cristo se entrega como alimento, en el ambón se ofrece como Palabra viva que instruye, exhorta y guía a la comunidad cristiana.


La Cruz Parroquial

Una de las piezas más antiguas de la parroquia es la cruz procesional. Va firmada y datada por Jaume Catalá en 1529.

La cruz está realizada en plata blanca y dorada, por medio del cincelado, repujado y elementos de fundición. Es una cruz mayor que encabeza las procesiones y es, como es sabido, el guión de la parroquia, la enseña de la comunidad parroquial. La platería valenciana, pues, es una de las primeras de la monarquía hispánica peninsular en adoptar el gusto italiano.

La cruz procesional de Llíria consta de tres piezas: caña, nudo y cruz propiamente dicha. La caña y el nudo son hexagonales, recordando la platería del siglo XV, mientras que la cruz, en estructura y decoración, es más "a la romana". La caña muestra pináculos muy estilizados en cada una de sus aristas, que también observamos en el nudo. Sin embargo, la decoración vegetal, muy esquemática, está dispuesta en vertical sin llegar a conseguir el efecto visual de los candelieri de la cruz. El nudo es arquitectónico, con dos pisos. Consta de seis hornacinas con otras tantas figuras de apóstoles en plata dorada. Las hornacinas muestran una decoración de ladrillo y se rematan por veneras. El segundo cuerpo repite el mismo esquema, pero no alberga las imágenes de los apóstoles. Cada arista del primer cuerpo la remata un jarrón que encaja entre ellos una crestería con elementos curvilíneos. El nudo adopta claramente un lenguaje italiano, lenguaje que es más rotundo en la cruz.

Presenta cabezas de serafines que recorren todo el árbol. Los tres brazos superiores terminan en otros tantos perillones. La combinación de plata blanca y dorada dota a la pieza de gran suntuosidad. Llorente indica que la cruz No es de gran mérito artístico: las imágenes están rudamente labradas, y los adornos son del estilo del renacimiento , afirmación que comparte Tormo, pero no Vilaplana. Es cierto que las imágenes, sobre todo las del nudo, son un tanto toscas, pero la cruz en sí, adopta sin titubeos las novedades italianas y su factura. También la figura del Cristo crucificado, de tres clavos, es un tanto dura, pero está combinando cierto carácter naturalista, propio de fines del cuatrocientos, con un intento de plasmar la grandeza y serenidad italianas.

En cuanto a la iconografía sigue las pautas tradicionales de las cruces de la época medieval. En el anverso figura el Crucificado, pues es el mismo Cristo quien encabeza la marcha de la comunidad. En el reverso está la Virgen con el Niño. Ella está sentada y Jesús se sitúa de pie abrazado por su madre. El que esté la Madonna es importante, pues su posición está donde se coloca el titular del templo. Podría tratarse de la Virgen de Porta-Coeli, pero también la iglesia de Llíria está dedicada a la Asunción y esta última advocación no figura en las cruces valencianas hasta finales del siglo XVI y comienzos del siguiente. . El resto de las figuras del anverso son los símbolos del Tetramorfo. Siguiendo las agujas del reloj están el toro, el águila, el león y abajo el ángel. En el reverso, en los cuatro medallones, están la Virgen embarazada, Santa Ana, la Virgen Niña y unas palomas con fragmentos de la corona de espinas. Esta última placa no es original de la cruz y por lo tanto no hay que incluida en su programa iconográfico.