Capilla de la Inmaculada Concepción y de la Virgen de Agosto

Tota Pulchra es María


Esta capilla, esta especialmente dedicada a la Virgen María bajo dos de sus advocaciones más profundas y queridas por la tradición cristiana: la Inmaculada Concepción y la Dormición de la Virgen o Virgen de Agosto. En este espacio devocional se contemplan dos momentos fundamentales del misterio de María, que abarcan desde su concepción sin pecado hasta el final de su vida terrena.

La Iglesia ha reflexionado durante siglos sobre estos misterios marianos. La pureza original de María fue solemnemente proclamada como dogma de fe en 1854 por el Papa Pío IX, mientras que la glorificación final de la Virgen fue definida como dogma de la Asunción en 1950 por el Papa Pío XII. De este modo, esta capilla reúne simbólicamente los dos grandes dogmas marianos proclamados por el magisterio pontificio, presentando a María desde el inicio de su existencia hasta su tránsito a la gloria celestial.


Imagen de la Inmaculada

La Inmaculada Concepción expresa la fe de la Iglesia en que la Virgen María fue preservada del pecado original desde el primer instante de su concepción. Este privilegio singular se concede a María en previsión de los méritos de Jesucristo, para que pudiera ser la Madre digna del Salvador.

La devoción a la Inmaculada ha sido particularmente intensa en España y en los territorios valencianos. Durante siglos, universidades, órdenes religiosas, parroquias y cofradías defendieron con fervor este misterio antes incluso de su proclamación dogmática. Las celebraciones, novenas y manifestaciones de piedad popular han contribuido a mantener viva esta devoción entre generaciones de fieles.

En esta capilla se venera una imagen de la Inmaculada Concepción realizada por el escultor Carmelo Vicent en el año 1946. La imagen, de tres metros de altura, fue sufragada por una antigua Cofradía parroquial hoy desaparecida: la cofradía de las Hijas de María.

La realización de la imagen supuso un coste de 15.000 pesetas, una cantidad considerable para la época, lo que manifiesta el gran fervor mariano de aquella comunidad. Las Hijas de María celebraban su fiesta principal durante el mes de mayo, tradicionalmente dedicado a la Virgen, promoviendo actos de devoción y formación espiritual en honor a la Inmaculada.


Dormición de María

Junto a la Inmaculada, la capilla también recuerda el misterio de la Dormición de María, una tradición muy antigua en la Iglesia. Según esta venerable tradición, la Virgen, al término de su vida terrena, se durmió serenamente en el Señor antes de ser llevada a la gloria celestial.

Este acontecimiento se relaciona con el dogma de la Asunción de la Virgen, que enseña que María fue elevada en cuerpo y alma al cielo. Aunque el dogma no define los detalles del final de su vida terrena, la tradición de la Dormición ha sido ampliamente difundida tanto en Oriente como en Occidente.

En Llíria esta devoción posee una tradición muy antigua gracias a la Cofradía de la Asunción, también conocida como Cofradía de la Mare de Déu, una antiquísima hermandad que ha sido recientemente refundada. Esta cofradía celebra su fiesta principal los días 14 y 15 de agosto, en torno a la solemnidad de la Asunción.

Durante estas jornadas se representan los momentos finales de la vida de la Virgen: su entierro y su gloriosa Asunción. Existe además en la Vila Antigua una pequeña iglesia conocida popularmente como Ca la Mare de Déu, donde antiguamente se encontraba esta imagen.

En la noche del 14 de agosto, se realiza una solemne procesión en la que la imagen de la Virgen es trasladada desde este lugar hasta la basílica. En ella participan personas vestidas con trajes que representan personajes del Antiguo Testamento y a los apóstoles, evocando así el acompañamiento del pueblo de Dios y de la Iglesia primitiva en el tránsito de María. De este modo, la Virgen es llevada nuevamente hasta la basílica para celebrar al día siguiente la solemnidad de su gloriosa Asunción.


San Francisco de Asís

En la parte derecha de la capilla se encuentra también una pequeña imagen de San Francisco de Asís, ricamente decorada. Se trata de una imagen policromada del siglo XIX, que recuerda la profunda espiritualidad del santo fundador de la Orden Franciscana.

San Francisco de Asís (1181/1182–1226) destacó por su vida de pobreza, humildad y amor a Dios y a toda la creación. Su espiritualidad influyó profundamente en la devoción mariana de la Iglesia. La tradición franciscana defendió con gran fervor el misterio de la Inmaculada Concepción, especialmente gracias a las enseñanzas del teólogo franciscano Juan Duns Escoto, quien explicó teológicamente cómo María pudo ser preservada del pecado original por los méritos de Cristo. Por ello, la presencia de esta imagen de San Francisco junto a la Inmaculada recuerda también el importante papel de la espiritualidad franciscana en la difusión de esta devoción.