Altar de San Miguel Arcángel
Qui sicut deus

San Miguel Arcángel, patrón de Llíria
El retablo está presidido por una imponente imagen de San Miguel Arcángel, obra del escultor Peregrino Pérez Sanchis realizada en el año 1949. Se trata de una escultura de grandes dimensiones, cercana a los tres metros de altura, que representa al príncipe de los ejércitos celestiales con la solemnidad propia de su dignidad como protector del pueblo cristiano. La obra fue encargada por la familia de Juan Bautista Castellano como gesto de gratitud al santo.
La ciudad de Llíria ha mantenido desde hace siglos una profunda devoción a San Miguel, que continúa siendo hoy su patrón. Cada año, en torno al 29 de septiembre, festividad litúrgica del arcángel, se celebran en la ciudad diversas fiestas y actos religiosos en su honor, reflejo del cariño que el pueblo liriano profesa a su protector.
Conviene señalar que, aunque la imagen de la basílica es de gran relevancia devocional, la imagen principal del santo en la ciudad es la que preside el altar mayor del Real Monasterio de San Miguel de Llíria. Desde este histórico santuario, situado en el cerro que domina la ciudad, el arcángel es venerado de manera especial. Además, cada cinco años tiene lugar una tradición muy querida por los fieles: la solemne bajada de la imagen del monasterio hasta la ciudad, donde permanece durante varios días para presidir celebraciones litúrgicas y encuentros de devoción popular.
Virgen de la Medalla Milagrosa

En la parte inferior del retablo se encuentra la imagen de la Virgen de la Medalla Milagrosa, realizada en 1949 por el escultor Vicente Tena Cuesta. La talla mide aproximadamente 1,40 metros de altura y representa a la Virgen con los brazos abiertos, desde cuyas manos se irradian gracias para quienes confían en su intercesión.
La devoción a la Medalla Milagrosa tiene su origen en las apariciones de la Virgen María a Santa Catalina Labouré en el año 1830, en la casa madre de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl en París. En aquellas apariciones, la Virgen pidió que se acuñara una medalla con la imagen que mostró a la joven religiosa y prometió abundantes gracias para quienes la llevaran con fe.
Desde entonces, la devoción a la Medalla Milagrosa se extendió rápidamente por todo el mundo católico, convirtiéndose en una de las advocaciones marianas más difundidas. Muchos fieles la llevan como signo de protección y como recuerdo de la cercanía maternal de la Virgen María, confiando en su intercesión y en las gracias que Dios concede a través de ella. En este altar de la basílica, su presencia invita a los fieles a acudir con confianza a la Madre de Dios.



