La imagen de la Asunción de Nuestra Señora

Titular del Templo

Pues sois Ave que hasta el Cielo,  María voláis ansiosa, dadnos alas Ave Hermosa, para seguir vuestro vuelo...


La imagen titular de la Basílica de la Asunción de Nuestra Señora de Llíria constituye uno de los elementos devocionales y artísticos más significativos del templo, siendo centro de la piedad mariana de la comunidad parroquial y referente visible de la fe en el misterio de la Asunción de la Virgen María.

Realizada en el año 1941 por el escultor Vicente Veiber, esta imponente talla alcanza una altura de 2,90 metros, lo que le confiere una presencia majestuosa y solemne en el presbiterio, lugar que preside desde su llegada. La imagen fue concebida en un momento histórico de reconstrucción y renovación, lo que acentúa aún más su valor simbólico como signo de esperanza y elevación espiritual.

La escultura está elaborada en madera de pino de Suecia, material que permite una gran riqueza en el modelado y una notable durabilidad. Su cuidada policromía y el detallado tratamiento de los pliegues otorgan a la imagen un notable realismo, a la vez que mantienen la necesaria elevación estética propia del arte sacro.

La representación iconográfica sigue la tradición clásica de la Asunción: la Virgen María aparece elevada al cielo, sostenida sobre una composición de nubes que refuerzan el sentido ascensional de la escena. A sus pies, una elaborada peana y un conjunto de querubines acompañan el movimiento de elevación, aportando dinamismo y profundidad al conjunto escultórico. Estos elementos no solo enriquecen la composición artística, sino que subrayan el carácter glorioso del misterio que se representa.

El coste de la obra ascendió a 10.000 pesetas, una inversión considerable para la época, reflejo del esfuerzo y la devoción del pueblo de Llíria por dotar a su templo de una imagen digna de su titular. Desde entonces, esta imagen no solo preside las celebraciones litúrgicas más solemnes, sino que se ha convertido en un punto de referencia espiritual para generaciones de fieles.

Contemplar esta imagen es adentrarse en el misterio de la glorificación de María, elevada en cuerpo y alma al cielo. Su presencia en el presbiterio invita a la oración, a la confianza en la intercesión de la Virgen y a la contemplación de la promesa de vida eterna que la Iglesia proclama. Así, la imagen de la Asunción no es únicamente una obra de arte, sino una verdadera catequesis visual que eleva el alma hacia Dios.


La devoción a la Asunción de la Virgen María está profundamente arraigada en toda la Comunidad Valenciana, donde esta advocación mariana ha sido, durante siglos, una de las más queridas y celebradas por el pueblo fiel. Numerosas parroquias, templos y tradiciones populares testimonian este amor a la Mare de Déu en su gloriosa elevación al cielo, destacando celebraciones llenas de solemnidad, belleza y participación comunitaria.

En Llíria, esta devoción se vive de manera especialmente intensa gracias a la labor de la Cofradía de la Mare de Déu de la Asunción de Llíria, que mantiene viva esta tradición con gran fervor. Cada año, en torno a la solemnidad del 15 de agosto, se celebran actos de gran significado espiritual, entre los que destaca la solemne bajada de la imagen titular desde su lugar habitual en el presbiterio. Este acto permite a los fieles una mayor cercanía con la Virgen, favoreciendo la oración y la veneración.

Las celebraciones se completan con una solemne Eucaristía en honor de la Asunción, centro y culmen de toda la fiesta, así como con una novena preparatoria que dispone espiritualmente a los devotos. Todo ello configura un conjunto de actos que no solo conservan una rica tradición, sino que fortalecen la fe y la identidad cristiana del pueblo.


El Dogma de la Asunción de María en Cuerpo y Alma al Cielo

El dogma de la Asunción proclama que la Virgen María, al término de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma al cielo, participando de manera plena en la gloria de su Hijo. Esta verdad de fe fue definida solemnemente el 1 de noviembre de 1950 por el Papa Pío XII mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus.

La definición dogmática respondió al deseo constante del pueblo cristiano y de numerosos pastores de la Iglesia a lo largo de los siglos, que habían mantenido viva esta creencia como parte de la Tradición. Con este acto, la Iglesia no introducía una novedad, sino que confirmaba oficialmente una verdad profundamente arraigada en la fe y en la liturgia.

El dogma subraya la especial participación de María en la obra redentora de Cristo y anticipa, en ella, la esperanza de la resurrección futura prometida a todos los creyentes. Así, la Asunción no solo es un privilegio de la Virgen, sino también un signo de consuelo y esperanza para toda la Iglesia.


Oración a Santa María Assumpta al Cielo

Oh Santa María, Asunta a los cielos,

desde centro de nuestra ciudad

se levanta una comunidad que reza y te ama,

como hijos que buscan amparo, consuelo y esperanza.

Bajo tu advocación, nuestros corazones laten unidos

en una fe sencilla y perseverante.

Mujer fiel, abierta sin reservas al designio de Dios,

humilde sierva que respondió con generosidad al anuncio del ángel.

Fuiste Madre, la mejor de las madres, que guardaba todo en su corazón

y acompañabas con ternura cada paso de Jesús.

También Madre de dolor, de pie junto a la Cruz,

uniendo tu sufrimiento al sacrificio redentor de tu Hijo.

Y ahora eres Madre gloriosa, elevada en cuerpo y alma al cielo,

signo de esperanza cierta para el pueblo peregrino.

Santa María, Asunta a los Cielos

míranos con amor, a nosotros, tus hijos, que te honramos.

Fortalece nuestra fe, haznos constantes en la oración

y fervientes en la caridad.

Que, siguiendo tu ejemplo de fidelidad y entrega,

caminemos hacia la casa del Padre hasta que un día, junto a Ti,

cantemos eternamente la misericordia del Señor.