Mausoleo Duques de Alba
"Tu in ea et ego pro ea".
En 1818 murió en Florencia la querida madre de Carlos Miguel Fitz-James Stuart y Silva, duque de Alba y de Liria, el cual quiso trasladar los restos a la iglesia de la Asunción de Llíria, continuando así con la tradición que ya inició su bisabuelo (el tercer duque de Berwick y Llíria) al elegir la iglesia lliriana para cuando muriera. Por tal motivo encargó a uno de los mejores escultores de la época, el cordobés José Álvarez Cubero, el magnífico mausoleo de mármol, de estilo neoclásico, que todavía se conserva en el muro de la derecha del presbiterio de la Asunción de Llíria. La construcción de este panteón duró algunos años y al morir en 1827 el escultor Álvarez sin poder acabarlo, tuvo que hacerlo otro importante artista y protegido del duque, el catalán Antonio Solá, hasta que fue instalado en Llíria en 1832. El mausoleo tiene un medallón con el efigie de la duela Antonio Solá en 1828, por lo que el de la Asunción también lo habría esculpido ese mismo escultor. La parte inferior del panteón tiene una inscripción con una dedicatoria suya: "De un hijo agradecido el sentimiento y la piedad, en lágrimas bañada, a una madre querida y venerada consagran este humilde monumento". Carlos Miguel también trasladó a este mausoleo los restos de su abuelo, padre y hermano que fueron quienes ostentaron el título de cuarto, quinto y sexto duques de Berwick y Llíria. Carlos Miguel murió bastante joven en 1835, a los 41 años, cuando estaba de viaje por Suiza, pero también ordenó que cuando muriera fuera enterrado en la iglesia de la Asunción de Llíria en una sencilla tumba ubicada en el pavimento, a los pies del artístico mausoleo que le había dedicado a su madre. Esta humilde tumba tenía una lápida sepulcral con un texto que muestra una vez más la gran estima que siempre tuvo por su madre: "Aquí yace Carlos Miguel Stuart Duque de Berwick, Liria y Alba (…) quien deseó estar después de muerto reunido con su madre como prueba de eterno cariño". Cabe destacar también que en esta inscripción sólo aparecen tres de los numerosos títulos nobiliarios que tenía, constante el de Llíria en segundo lugar como muestra de estima en la ciudad.
Tradición funeraria de la Casa de Alba en Llíria
Quisiera también aclarar que toda esta tradición funeraria en la iglesia de la Asunción, como ya he dicho anteriormente, lo inició en el siglo XVIII el tercer duque de Berwick y Llíria, el cual tuvo un aprecio especial por nuestra ciudad al residir durante 23 meses en Ca la Vila, actual ayuntamiento. Tras 13 años casado todavía no tenía descendencia, lo que preocupaba enormemente al duque porque ponía en peligro la herencia de sus títulos. Además, su esposa se había puesto enferma y eligieron vivir en Llíria un tiempo para ver si mejoraba. Durante su estancia en Ca la Vila la duquesa se curó y además quedó embarazada del único hijo que tendrían, quien nació en marzo de 1752 y fue bautizado en la iglesia de la Asunción con grandes fiestas que organizó la ciudad. Todos estos hechos le llevaron a que cuando finalizó la construcción del palacio que había construido en Madrid, le pusiera el nombre de Llíria en recuerdo a los acontecimientos tan felices que habían vivido en nuestra ciudad. Pero es que además también ordenó que a su muerte, sus restos fueron enterrados en la iglesia de la Asunción, cosa que ocurrió en 1786. Su tumba se instaló en el pavimento del presbiterio y tenía una lujosa lápida sepulcral, en la que curiosamente aparecía en primer lugar el título de tenía. Hay que tener presente que este duque eligió la iglesia de la Asunción también por ser una magnífica iglesia barroca que era el estilo que todavía estaba de moda en aquella época. Esta iglesia con aires catedralicios no sólo era grandiosa por su arquitectura sino también por su decoración interior, con unos artísticos e innovadores retablos. Hay que observar que todas las tumbas se hallaban situadas en el lugar más sagrado y lujoso de la iglesia, el presbiterio. Con esta elección los duques apostaban por la dignidad y la magnificencia del lugar, además de estar más cercanos al camino de Dios que les llevara a la salvación.
El proyecto de construir una capilla funeraria en la Asunción para la Casa de Alba, Berwick y Llíria

La suntuosidad de la Asunción motivó que los futuros duques de Berwick, Llíria y Alba quisieran seguir utilizándola como panteón de sus familias. Así, el hijo de Carlos Miguel, al morir en 1860 su joven esposa (hermana de la emperatriz Eugenia de Montijo) también decidiera enterrarla en la Asunción de Llíria. La emperatriz Eugenia quiso que su hermana, conocida como la duquesa Paca, repusiera en un artístico panteón de mármol que ella financiaría. El encargado de esculpirlo sería, Gumery, uno de los mejores escultores franceses del momento y autor de las esculturas que coronan el teatro de la Ópera de París. Para la figura yacente del panteón puso como modelo a la propia Eugenia. El proyecto no pudo realizarse por la oposición del clero parroquial. Era deseo también del duque víudo convertir la iglesia lliriana en panteón que guardara los restos de sus antepasados y de los descendientes, a lo que también se opuso el clero parroquial alegando que "ya había bastantes muertos en la Iglesia". Ante la negativa del clero, el duque intentó comprar una casa vecina en la iglesia para construir una suntuosa capilla donde trasladar a todos sus familiares difuntos que estaban diseminados por toda España. De esta forma la capilla de Llíria se convertiría en el panteón familiar de los duques de Berwick, Llíria y Alba. La capilla estaría comunicada con la iglesia por una puerta y el duque encargó el proyecto de construcción de esta capilla funeraria cogiendo como modelo el Panteón de los Reyes del monasterio de El Escorial. Pero este proyecto tampoco se pudo conseguir ya que los propietarios de las casas se negaron. Al final tanto el artístico mausoleo de la duquesa Paca como la construcción de la capilla funeraria se hizo en el monasterio de clausura de la Inmaculada de Loeches (Madrid).

Es curioso comprobar que en 1819 el duque Carlos Miguel contó con la colaboración y entusiasmo del clero parroquial de Llíria (con el que firmó un convenio) para enterrar a su madre en la iglesia. Por el contrario en 1860 el clero parroquial se opuso a que enterraran en la Asunción a la duquesa Paca y más aún que en un futuro se acogieron más difuntos de la casa ducal. Esta decisión no fue un capricho del clero, sino una demostración de las nuevas preocupaciones por la salubridad pública y un cambio de pensamiento que se estaba produciendo durante el siglo XIX para eliminar la vieja tradición de convertir el interior de las iglesias en cementerios. Desde finales del siglo XVIII las autoridades recomendaban por cuestiones de higiene construir nuevos cementerios fuera de los recintos urbanos, por eso el de Llíria se inauguró en 1819. En el cambio de opinión del clero parroquial también tuvo que influir el terror que producía las diversas epidemias de cólera que causaban una mortalidad5, causando una elevada mortalidad. Llíria 276 personas en 15 días. El miedo al contagio en este tipo de enfermedades era muy elevado.
El mausoleo que está ubicado en el muro de la derecha del presbiterio de la Asunción tiene a su lado una pequeña inscripción en mármol que no es correcta. Dice lo siguiente: "Destrozado este mausoleo en 1936, lo hizo restaurar D. Jacobo Stuart Halcón, Duque de Berwick y de Alba en el año 1946". Evidentemente la iglesia fue asaltada y sus imágenes y retablos fueron quemados los días 21 y 27 de julio de 1936 pero las tumbas de los duques (dos en el pavimento del presbiterio y el mausoleo de la pared) no fueron tocadas ni destrozadas. Fue en marzo de 1937 cuando el Comité Ejecutivo Popular (las autoridades municipales de entonces) convirtieron la iglesia de la Asunción en mercado y entonces ordenaron desmontar el mausoleo y guardarlo en alguna dependencia del templo. Los restos que contenía fueron trasladados a un nicho del cementerio de Llíria. Por tanto, el mausoleo no fue destrozado, sólo tenía alguna pieza deteriorada por el proceso de desmontaje y almacenamiento durante 9 años. Cuando se volvió a montar en 1946 sólo se restauraron las piezas que se habían deteriorado y los restos que contenía que se habían trasladado al cementerio fueron otra vez enterradas en el mausoleo. En cuanto a la tumba del pavimento del presbiterio del tercer duque, su enorme ataúd de madera forrado interiormente de zinc fue también trasladado al cementerio pero su lujosa lápida de mármol sí quedó destrozada. Por el contrario, no se tiene noticias de que la otra tumba ubicada en el pavimento del presbiterio, la correspondiente al duque Carlos Miguel, fuera abierta. Es posible que al ser una tumba sencilla y con una lápida discreta, pasara desapercibida y actualmente todavía se conserve tapada por el posterior pavimento que se instaló en el presbiterio


